jueves, 2 de marzo de 2017

Arco 2017

Duchamp Fountaine.jpg

"Fuente", 1917 de Marcel Duchamp, Enlace


No estuve en Arco 2017.

Así que no puedo decir si estuvo bien, si estuvo mal, si mereció la pena o no.

Pero esta noche, encontré el vídeo de Antonio García Villarán, "ARCO, la antiferia de arte contemporáneo 2017" que acompaña a este post. Este es posiblemente uno de los vídeos más vistos sobre ARCO 2017, lo que dice mucho de la pobre repercusión popular de esta feria en particular y del Arte Contemporáneo en general.

A 100 años del urinario de Duchamp, tras ver el vídeo, añadí unos comentarios, que copio aquí:

"La verdad es que el arte contemporáneo, y más en tiempo de crisis, no parece convocar demasiado interés. Haciendo una búsqueda, y salvo el vídeo de la agencia EFE sobre la visita de los reyes y Macri a la feria, éste es el vídeo con más visualizaciones sobre ARCO 2017. Y no sé si eso es bueno o malo. Pero es lo que es. Tras casi 100 años de Duchamp y de Picasso parece que el Arte, como lo ha sido desde los tiempos de papas y emperadores, no deja de ser un juego/tómbola para comerciantes, para ricos y para ociosos, de la que la gente común y la mayoría de los que aspiran a ser artistas no participan demasiado. Y además, el arte de un país, por mucho que nos hablen de globalización, ha ido siempre a remolque de la economía y política de turno. Los que tiran de él ahora son Gran Bretaña, Estados Unidos, Alemania y dicen que China. Si nuestro país mira y hace colas ante los de siempre, Velázquez, Murillo, Goya o los impresionistas, y da la espalda a sus obras más contemporáneas, no podemos esperar que Arco no sea más que un mercadillo madrileño para quienes puedan gastarse algo en "inversiones" más o menos fiables. Por encima de todo esto está el plantearse qué es Arte y qué es cultura hoy en día, y eso, dinamitado hace 100 años por el propio Duchamp firmando un urinario, y además con otro nombre, se ha convertido en un hoy vale todo, y todo no vale nada, repetirse y copiarse no importa, lo que importa es el precio aunque esto nadie lo vea. Ante un pueblo cuya mayoría solo aspira a llegar a fin de mes y olvidarse de sus penas, quizás tengamos nuestra parte de responsabilidad en esto quienes pretendemos hacer arte o educar en el arte, que aceptamos sin más las reglas del mercado o aquello que alguien decide que es arte. La música por un tiempo consiguió, con todos sus defectos, ser popular y vender al pueblo, aunque es cierto que hoy tiene su propia crisis. El arte plástico, parece ser, renunció a ser popular y prefirió ser elitista. Y así seguimos. En fin, gracias, Antonio por darme pie a esta larga reflexión. Saludos."


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